miércoles, 1 de mayo de 2013

El azar, vida de Javiera



Lo más presente que puedo tener; hoy es que estoy frente a mi profesor entregando mi trabajo de autobiografía.
Pero no voy a partir de mi presente, sino cómo llego a mis 25 años a presentar un trabajo de mi vida. Una vida llena de suertes (creo yo), suerte de haber nacido donde nací y suerte de estar hoy a más de 7.000 kilómetros de mi ciudad natal, mi lindo Chile, de Santiago. Antes de partir con mi vida creo relevante explicar la vida de mis padres y en una de esas, la de mis abuelos.
Mi familia materna es una de las cargas más importantes hasta el día de hoy. No carga de ser algo pesado, sino que son parte importante de lo que hoy soy. Mi madre, una adolecente en plena lucha social, perteneciente a las Juventudes Comunistas de Santiago y con la reprobación de toda si familia ya que esta era de derecha y digo era porque hoy en día con tanta cosa que ha salido a la luz se van dando cuenta de una realidad imperceptible en ese entonces para ellos.
Mi padre es hijo de Kuny y de René, Kuny es hija de un alemán y siempre que íbamos a su casa nos contaba historias lindas de cómo su padre y su madre se conocieron, como fue que una chilena que vivía en pleno desierto se encontró con un alemán y como se enamoraron sin hablar el mimo idioma. También me acuerdo que nos contaba el trabajo que tenía que pasar este hombre al estar lejos de su familia y lo que hacía en relación a la segunda guerra mundial. Mi padre por su parte un dirigente de alto rango del mismo partido, posteriormente profesor y hoy un viajero del partido.
Nací en un periodo complicado en la historia de mi país, con suerte estoy aquí. Neruda y Modigliani nacieron un 12 de Julio, yo también, pero (claramente) años después, nací el año 87, en pleno invierno y en pleno temporal además en una oscuridad nacional, la dictadura de Pinochet estaba vigente, el terror era pan de cada día, las personas desaparecían, eran encarceladas, torturadas y quien sabe cuántas cosas más. Pero en una contra postura uno de los movimientos más importantes en América latina, partiendo por un proceso de elecciones populares y el ganador, Salvador Allende.
Me llamo Javiera Esperanza, Javiera por la mujer valerosa que retornó a Chile desde Argentina cruzando la cordillera de los Andes después de ser exiliada a Holanda, Javiera Campusano Chavez. Y mi segundo nombre Esperanza pues por la esperanza de que se terminara el terror de la dictadura. El día que nací se salió el río Mapocho, bueno eso me cuentan y casi no llegan a vernos a mi madre y a mí porque gran parte de la ciudad estaba anegada, el invierno en Chile es muy crudo.
          Para contar mi vida tengo que recordar y justamente hay episodios que no puedo evocar, yo digo que fue por aquel golpe que me di cuando era muy pequeña, de hecho, en mi cráneo tengo la cicatriz y se puede sentir al tocar el hueso. Pero en realidad a veces creo que son cosas que realmente no me quiero acordar.
          A un año de nacida a mi madre la detuvieron en una marcha en contra del regimen la dictadura, la verdad es una suerte que no esté muerta. En mi casa de ladrillos siempre colgó una imagen un tanto rara, es un dibujo que hizo mi hermano Nicolás de mi madre tras las rejas donde ella llorando. Al lado una nota de mi padre y le cuenta que ya sabe escribir la letra “P”.
 Mi padre viajaba todo el tiempo, recuerdo uno de sus viajes más largos, se fue a la ex Unión Soviética, yo tenía como 3 años, después de mucho tiempo de ausencia llegó un hombre muy parecido a mi padre, pero ¡no tenia barba!, él no podía ser mi padre, ¡mi padre tiene barba!, nunca había visto a mi padre sin sus característicos pelos.
Hoy es todo mucho más claro, mi padre era otro, porque tenía que ser otro para que no lo mataran en el viaje o más bien al llegar de ese viaje, un ser completamente clandestino. Con el tiempo me cuenta las peripecias de ese viaje, sus paradas inesperadas en otros países de América Latina porque si llegaba lo estaban esperando y no precisamente con los brazos abiertos.
En el 90 llegó el plebiscito y la gente salió a las calles a gritar NO. Llegó la “supuesta” democracia y con ello la separación de mis padres dos años después.
Mi mamá trabajaba muchísimo es educadora de parvulos y casi no la veía en el día, mi hermano Nicolás estudiaba y él buscaba la forma de molestarme todo el tiempo, yo estaba en una escuela por las mañanas. En ese colegio fue donde me accidenté, cayendo desde una grada sobre una baranda metálica, el colegio Santa María de la Florida. Siempre viví en esa comuna, en la Florida, me gustaba, era tranquilo, bueno eso creía hasta que me fui dando cuenta que las cosas eran muy distintas, la delincuencia en la parte que yo vivía era muy fuerte, a la salida del pasaje Lago Vichuquen el papá del que hoy es mi gran amigo tenía una tienda de películas, una noche le entraron a robarle y lo mataron. Se encontraron años después camiones con jeringas y la llamada “mexicana” era cotidiano, recuerdo aquellas fiestas con mis amigos cuando “carretiabamos” en mi casa (que es el lugar de más común de las juntas) y llegaba la madrugada, llegaban también los tiros, todo esto ya cuando era adolecente.
Regresando con la familia, a mi padre lo veía los fines de semana, los domingos, regularmente estábamos en la casa de mis abuelos y no salíamos mucho, más adelante entendí el porqué de nuestras salidas tan acotadas. Al pasar el tiempo, ya con 8 años mi madre viajó a Cuba y se enamoró del “Chicho”, el padre de mi hermano menor, Ernesto Salvador que justamente hoy es su cumpleaños. Qué lindo nombre tiene, yo quería que fuera mujer, pero hoy es sin duda es uno de los mejores compañeros de vida que he tenido y da lo mismo si es mujer o hombre, es mi compañero adorado, aquel muchacho que quiero con mi vida y está tan lejos.
En el 2002 cuando terminé la enseñanza básica sin pena ni gloría, bueno con pena sí. Repetí cuarto básico, ¿Quién repite cuarto básico? Yopo, la perla. Que pástela, pero bueno se entiende una depresión, una anorexia nerviosa, unos intentos de suicidio, ¿A esa edad? Todo paso lento y con la extrema revisión de mi madre, me cuidaba para que no dejara comida en el closet, o debajo de la cama, que las servilletas no se fueran con “algún regalito”, en fin esas cosas que hacen las anoréxicas.
A mi hermano Nicolás siempre le fue muy bien en el colegio y por sus notas le dieron una beca para irse a estudiar a Cuba, la hermana patria revolucionaria. Que bonito pensaba yo, ir a otro país y estaba orgullosa de él, pero feliz de que se fuera. Solo quedábamos mi hermanito Ernesto y mi mamá, a Ernesto lo cuidaba mucho, era su madre cuando la nuestra no estaba, lo llevaba con mi abuelos paternos, lo vestía, peinaba y le enseñaba como ser educado con la gente, sobre todo con los mayores, jugábamos juntos y claramente también paliábamos. A mi padre le daba gusto estar con Ernesto se llevaban bien, hasta hoy.
En fin, cuando terminé la enseñanza básica me cambié de colegio Artístico Salvador, donde por fin guiaron mi impulsos de dibujar, pintar y todos aquellos requerimientos que mi mundo creativo estimara necesario. Pero no fue solo eso, en este colegio conocí a mucha gente comprometida políticamente, más bien todos, ya que no se llamaba Salvador por Dalí, sino por Allende, pero no es un asunto partidista, sino de lucha social, de entender, razonar y practicar lo que estaba en nuestro entorno de lucha. Es de esta forma que me fui enterando del conflicto estudiantil que estaba en todas partes, éramos pequeñas células explotando en manifestaciones callejeras, estas que más tarde en el 2006 se convertiría en la Revolución pingüina.

También en ese colegio conocí a mis grandes amigas, éramos un cuarteto desordenado incursionando en pequeños vicios como la mariguana y el alcohol. Todo este cambio de razonamiento me llevó a juzgar todo lo que pasaba a mí alrededor, a mi madre por dejar de ser jipi, a mi padre por abandonarme, a la vida y la sociedad de clases burguesas que tienen el control de nuestro país. Estos pensamientos se alimentaban con clases de educación popular, documentales y conversaciones que eran completamente periódicas en ese colegio.
2003, a mi madre le diagnostican cáncer de mama. No fueron 2 o 3 cirugías, de hecho ya no sé cuantas son. La quimioterapia era altamente invasiva y el miedo era una bruma constante en nuestra casa, algo invisible pero espeso como la niebla. Fueron momentos muy duros y difíciles de sobre llevar en especial a Ernesto y para mí. Por otra parte la amenaza de mi madre que se moriría, estábamos mi hermano y yo en una dualidad, por un lado mi madre, mostrando al mundo esa cara de: voy a salir adelante y entre mi hermano y yo diciendo: “me voy a morir”.

Ese personaje tan extraño que es mi madre en mi vida un ser enfermo, estoy segura que haber estado detenida la enfermó. Como un alebrije, algo muy extraño, adorable, lleno de colores y matices, pero que en cierto punto da miedo, porque si esas criaturas existieran realmente no sé si me quedaría a verlos, e probable que me coman. Un personaje de temer con un carácter insoportable y con una constante agresión a quienes están cerca. La amo sin duda porque es mi madre y me ha dado su vida para que yo esté bien, pero la verdad hasta el día de hoy no puedo estar mucho tiempo cerca de ella.

Este periodo para mí fue un caos, y la música que comencé a descubrir fue una vía muy importante para focalizar lo que vivía, el Funk, música de los dioses en una fiesta disco. Las fiestas de este periodo de mi vida eran excelentes, perdición como cualquier otra a mi edad o eso creo, “los pitos corrían por mis manos en atardeceres pos colegio y mis amigas a la par, compañeras no solo de reuniones y de estudio, sino de vida, de cada momento, esos años fueron maravillosos, nada realmente me preocupaba mucho y hacia lo que me gustaba, obras de teatro, pintaba, webiaba por la vida, sin problemas.

En el 2006 viajamos con toda mi familia cercana a Cuba, fuimos a ver la titulación de mi hermano Nicolás y su boda con una mujer cubana, llegamos en julio, pasé mi cumpleaños en el Caribe, ¡que loco!, ya antes había viajado fuera de Chile, a Perú, en el 2005 pero no lo pasé tan bien. Cuba es bella, es tan revolucionario que asustó mi formación involuntaria de libre mercado. Es tan playera y con tantas cosas en proceso de cambio y un paisaje estancado en el tiempo. Un mes completo vagando por muchos lugares y tengo que decir que la relación con Any, la esposa de mi hermano fue una de las cosas más lindas de ese viaje y de vida. Una persona muy estudiada, amable, ligera, buena pal copete y cuando escuché que una tarde puso a Caetano Veloso fue la cuando me enamoré de ese lugar y de ella. Fuimos grandes amigas, nos queremos mucho a pesar que hoy no la veo y que ella ya no está con mi hermano.

Finalmente cuando llegó la hora de partir y regresar a Chilito nos dicen que tenemos un pequeño problema con la aerolínea, que pronto se resolverá. Ese pronto resulto siendo una semana durmiendo en el suelo del aeropuerto de Cuba, al segundo día conocíamos el aeropuerto de memoria y el juego de canasta se volvió algo relajante para pasar nuestro tiempo, lo bueno es que teníamos muchas personas para jugar, mis abuelos que nos acompañaban eran expertos en el juego de la canasta, es un juego familia, mi madre a veces jugaba, pero los que le dabamos “duro y dale” eran: Ernesto, Nico, Any y yo. Posteriormente de una serie de trámites logramos salir de Cuba para aterrizar en México y que mejor que llegar tomando un caballito. Una noche en el suelo nuevamente y el otro en un hotel el cual en mi vida podría pagar fueron las noches de alto contraste. Estando una vez más en el aeropuerto en la sala de espera escuché un montón de muchachos muy animados los cuales con gritos y bromas no me dejaban dormir, eso realmente era lo único que quería a estas alturas.
El viaje fue agotador, pero por fin llegamos a Bolivia, la última parada y luego a Santiago (eso cría). Cuando llegamos al aeropuerto de Viru Viru, lo más cómico que ahora me resulta es que nos dicen que nos vamos a quedar dos días y que nuestras maletas ya están en nuestro destino final. Yo ya no podía más, estaba fúrica con la aerolínea. Pero eso no resolvió nada. Esos dos días los dedicamos a conocer la ciudad de Santa Cruz de la Cierra, todos los del avión nos quedamos en un hotel y salíamos a recorrer, en esas salidas conocimos a un grupo de mexicanos que viajaban con nosotros, ellos eran los que gritaban, viajaban a Argentina y después llegarían a Chile para quedarse unas semanas.
3 semanas después llaman a mi casa y me preguntan los mexicanos por un hotel, les di la dirección de mi casa y se quedaron mi hogar unas 3 semanas más entre fiestas, salidas y comida fueron pasaron los días y luego se regresaron al país azteca. De ese viaje la única amistad que resultaba fija fue con Luis Tizayuca que dura hasta el día de hoy.
El último año de colegio conocí a un chico que fomentó un carácter en mi muy extraño y místico. Salimos del colegio y fuimos novios, los dos en la universidad nuestro amor se desbocaba, un músico increíble y depresivo. Eso me gustaba de él, nuestra relación fue extraña, apasionante y con un final inesperado.

En el verano del 2008 mi madre recibe una pensión que le dieron por despido injustificado justo antes que le diera cáncer. Fue así que un muy buen día me dice: ¿a dónde quieres viajar? Y yo respondí sin dudar a México, siempre quise ver las pirámides. Y como un genio me concedió el deseo y así fue, viajamos en el verano 2008 del chileno. Distrito Federal, llegamos a la casa de mis amigos y amigas. Pasamos un mes con todo, viajes, comida, baile, trajineras, tequila, pulque, chapulines, zócalo, museos, murales, etc. Nos quedábamos en la casa de los papás de Luis, él jugaba fut los fines de semana, después de los partidos, nos íbamos por unas chelas a la casa de los Rodríguez. Muy buenas fiestas! que fiestas tan extrañas para mí, pero para no hacerla larga me comencé a besar con Luis. Peeeeero, él y yo teníamos nuestras respectivas parejas. Aun así dejamos que las cosas fluyeran, total, era un mes y después a mi casa. Y así fue, solo que terminé con el corazón hecho un nudo, Luis, un hombre atractivo en muchos aspectos, inteligente, pero realmente no sabía mucho de él. De algún modo creo que los besos dicen muchas cosas, entregamos y abrimos alguna compuerta de nuestro ser para que esta hable y nos cuente sus más profundos secretos.
Recuerdo el último día, la despedida trágica en el aeropuerto. Cuando le dije: dile a Denisse (su novia) -que te cuide-. Solo que él no quería que su entonces novia lo cuidara. Fue muy complicado, pero nuestra relación continuó por el vendito internet, video llamadas todas las semas como mínimo, charlas de horas, videos, fotografías y todas esas cosas en esos momentos de derramar miel que nunca están de más. Hasta que un día, él muy lindo me dice: -cásate conmigo-. Y mi cara fue de un rotundo no. Se lo dije, -no-, te equivocas no creo en el amor firmado, el papel no tiene el peso de los sentimientos. Más bien nunca pensé en casarme ni tener hijos, el amor es raro. Pero…  …no fue como yo pensaba y hoy vivimos juntos. Me vine a México después de mi cumpleaños, lo recuerdo bien un 22 de julio de 2008.
Todo me gusta de él, Luis es un hombre admirable, eso es una de las cosas que sin duda me atraen de él, es muy inteligente, esforzado, es muy cuidados conmigo. Es amable como nadie, de hecho tiene un carácter tan ligero que se complementa con el mío, me encanta lo que estudia, su mundo literario me abrió las puertas para ver una gama de colores que se muestran en los libros. Su sonrisa y sus piernas son mi debilidad, esas dos cosas las podría ver todo el día.
Al año de llegar a México entré a estudiar fotografía y trabajé casi año y medio en un estudio fotográfico, hasta el día de hoy me llaman para los eventos, eso me alegra. Siempre me gustó la foto, en el Artístico gané un concurso de fotografía y en la UACM también, mi universidad, si bien tuve la suerte de estudiar anteriormente en otra U, la UACM me dio la posibilidad de estudiar algo realmente apasionante, como es la gestión cultural, problemas del arte y la cultura que son tan frecuentes y que en un país tan diverso es fundamental tener cuidado en estos temas.
En el 2011 nació nuestro hijo, Álvaro Lautaro, un niño que dicen que es igual a mí, eso en cierta medida me gusta ya que no estoy sola en este lugar, si bien tengo a Luis a mi lado y es lo más maravilloso y extraño de mi vida. Álvaro es la sangre de mi familia, es el reflejo de las personas que no están conmigo físicamente, pero están en él, es algo natural de mi vida pasada. Por otro lado no me gusta mucho que me digan que es igual a mí, porque en un mundo de Luis es complicado que se parezca a la persona ajena.  
Hoy pinto, pero lo que más me gusta es hacer son collages y la fotografía, cosas de mi vida y aunque suene lógico le dan color, le dan forma y estas cosas se plasma algo más que mi pensar.


Esta es mi vida, puede que existan cosas que no voy a contar por un asunto de salud mental y que sin duda marcan rasgos de mi personalidad. Pero son cosas que prefiero no contar o más bien no inventar, no sé.


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