miércoles, 5 de junio de 2013

Agua clara

Agua Clara

Las cosas en ese periodo de mi vida eran un poco borrosas. Recuerdo ver gente entrar y salir de la casa, machas se veían extrañas por el cristal. En ese tiempo el agua era abundante y me gustaba mucho nadar; eran periodos donde vía a mi madre pasar por los pasillos, recuerdo ese color amarillo en todas partes, como algo viejo, como una fotografía antigua.
No sé cómo llegué aquí, de repente puede ver todo mucho más claro, ver la luz, pude abrir los ojos sin que los demás supieran que lo hacía, pude escuchar exentamente a mi madre, con voz clara y cálida, un poco acelerada, pero parte de su hablar. A veces la noto preocupada, llora. Creo que es porque estoy enfermo, algunas veces me lleva al doctor y examinan, la ven a ella también, aunque a ella la observa mucho más que a mí, a lo mejor es ella la enferma, eso no me gustaría.
En la casa tengo ropa muy linda, mi mami me la teje y es de muchos colores, son como el agua, veo zapatos, pantalones, chalecos que ella misma teje, pero nunca me los pone. Desde aquí puedo ver todo mi cuerpo, veo mis manos, mis piernas y mis dedos que se van haciendo viejitos.
Un día mí madre se ausentó por mucho tiempo y cuando regresó traía a un hermanito, estaba tan feliz, por fin alguien con quien compartir palabras, poder vernos y ya no estaría solo. Pero creo que mi hermano también estaba enfermito, mi mami nos lleva con el doctor con frecuencia.
Hoy vamos a ver al doctor nuevamente, la sala es amplia y clara, el doctor se llama Ernesto, ya lo conozco. Él le dice muchas cosas a mi madre que no entiendo, veo que toma sus cosas, su cartera, su abrigo para la lluvia, el paraguas y se va… ¡se va!, sin nosotros, Veo que el doctor nos toma y saca del frasco, nos limpia y nos mete en un recipiente limpio, este muy bien acomodado sobre una repisa.







Las cosas en ese periodo de mi vida eran un poco borrosas, esos momentos tan extraños al llegar a la casa de mi tía. No íbamos muy seguido y los agradezco, pero cuando pasábamos a verla puedo recordar las imágenes más raras que en mi niñez puede guardar.
Por la puerta de entrada eran lo primero que se veían, junto a unos libros y adornos que estaban bien distribuidos sobre esa repisa. Esos frascos con agua amarillenta y su contenido: unas figuritas pequeñas. Pequeñas personitas.

Unos fetos colocados justo sobre la barra que llegaba a mi altura, mis ojos llegaban justo para verlos. Recuerdo escuchar a mi madre y a mi tía hablar sobre esas cosas, sobre unos tratamientos y cosas raras que la verdad no entendía. Porqué esos fetos estaban ahí.  Lo que a mí me parecía aún más curios era que en cajas debajo de los fetos, mi tía colocaba ropa de bebé, ropa de colores claros: blanco, amarillo, celeste, rosa pastel y verde agua, unos listones de colores que adornaban aquellas prendas, unos zapatitos de lana que sin duda no les quedaban a esas figuritas, les quedaban muy grandes. Pensaba mucho en las noches de mi tía, ¿no tendría miedo? Yo sí, no podría dormir, muchas veces tenía pesadillas esas figuras no salían del frasco pero me pedían ayuda, otras veces las veía con atención y cambiaban sus formas, se volvían delgados o gordos, unos se esfumaban, pero otros quedaban.            

No hay comentarios: